El principado de Asturias

El principado de AsturiasEl Principado de Asturias es verde y de paisajes inabarcables. Mar y montaña se dan la mano en esta comunidad del Norte de España, de perfiles abruptos, naturaleza exuberante, bosques y centenares de pequeños pueblos y aldeas diseminados por una geografía convertida en un regalo a los sentidos.

Setenta y ocho concejos conforman la región, que se extiende alo largo de más de 10.500 kilómetros cuadrados, con 375 kilómetros de costa. Limita al sur con León: al oeste, con Lugo, y al este, con Cantabria.

El Macizo de los Picos de Europa ha ejercido el papel de frontera casi inaccesible. Al norte de la región el Cantábrico rompe contra los acantilados costeros. Cientos de playas surgen entonces, playas solitarias, de formas caprichosas, pequeñas calas de arena blanca y roca. Dos Asturias distintas. Y en medio de ellas, la Asturias metropolitana: Oviedo, la capital, tiene 200.000 habitantes; Gijón, la mayor urbe, 270.000; y Aviles, industrial y pesquera, que cuenta 90.000 habitantes. Junto a ellas, las dos capitales de las cuencas mineras: Langreo y Mieres.

Conoce el principio de Asturias

Herederos del paleolítico

Para buscar los orígenes históricos asturianos hay que remontarse muy atrás. Al paleolítico, la edad de los grandes pintores rupestres. Las cuevas de Candamo, el Buxu, El Pindal o Tito Bastillo, entre otras, han quedado como exponentes de aquella cultura. Cuando muchos siglos más tarde el Imperio Romano pretendió colonizar estas tierras se encontró con tribus guerreras que no vivían muy distinto a sus antepasados del paleolítico. Pescaban y cazaban como ellos, se movían en clanes y se vestían con pieles de animales, adoraban a los dioses de la naturaleza y se rebelaban contra todo principio de autoridad ajena. Eran los astures. Los astures protagonizaron la cultura castreña.

Los castros (campamentos fortificados) eran lugares de morada y defensa. Casas de piedra, circulares, con techos de paja y rodeadas de murallones. La cultura castreña nos ha dejado abundantes ejemplos en Asturias, el más significativo es el castro de Coaña, en el Occidente de la región. Cuando los romanos pudieron iniciar la colonización cultural y económica de los astures, tras penosas guerras, buscaron en sus tierras metales preciosos, y en sus hombres, guerreros expertos para sus legiones. Asturias se romanizó, pero sólo en parte. La invasión musulmana tan sólo dejó resquicios en el Principado de asturias. De nuevo las tribus astures frenaron a los ejércitos árabes con la ayuda de una geografía difícil. Cuenta la leyenda que en el siglo VIII un caudillo de origen noble llamado Pelayo derrotó al ejército musulmán en la batalla de Covadonga, lugar donde se erigió un santuario convertido hoy en uno de los símbolos regionales.

Aquella batalla dio lugar al inicio de la Reconquista y al nacimiento de la monarquía asturiana. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero nos han quedado ecos de la Historia.

Las hambres del medievo, el levantamiento del pueblo asturiano durante la guerra de la Independencia, el éxodo masivo de la emigración, la industrialización de finales del pasado siglo... Un pasado que se mantiene vivo a través de las tradiciones, del folclore y las costumbres.

Bailes ancestrales, como el Corri-corri de Cabrales o El Pericote de Llanes; alimentos que vienen de antiguo, como los potes, la fabada o el queso de Cabrales, madurado en cuevas naturales de montaña; pasado que se deja ver en la arquitectura popular, en las casas de indianos (los asturianos que hicieron fortuna en América y que regresaron ricos), o en los hórreos, graneros anexos al domicilio rural, que constituyen el más importante patrimonio de la arquitectura asturiana.

Un pasado que también ha legado una lengua distinta: el bable. No está, sin embargo, unificada ni es de uso generalizado. Mayor uso en la zona rural.

Alojamiento Asturias - Gijon - Oviedo